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Cáncer de riñón

Casi todos los tumores del riñón se descubren por casualidad, en una imagen pedida por otra cosa, y eso cambió por completo el pronóstico de esta enfermedad. Aquí encontrarás qué masas no son cáncer, cuándo conviene conservar el riñón y cuándo no, qué aporta realmente la cirugía robótica en este órgano, y cómo la inmunoterapia transformó el tratamiento de la enfermedad avanzada.

Dr. Eduardo Amaya Fragoso

Escrito y revisado por

Dr. Eduardo Amaya Fragoso

Cirujano Urólogo · Posgrado de Alta Especialidad en Urología Oncológica (Centro Médico Nacional Siglo XXI · UNAM) · Fellow internacional en Urología Robótica (Instituto Israelita Albert Einstein, Brasil)

Céd. Prof. 10407470 · Céd. Esp. 12943253 · CONAMEU 1918 (vigencia 2022–2027). Consulta en Hospital San José, Hermosillo, Sonora.

Última revisión: 23 de julio de 2026

Lo esencial

  • La mayoría se descubre por casualidad, en un ultrasonido o una tomografía pedidos por otra cosa. Eso es una buena noticia: se encuentran pequeños y curables.
  • No toda masa en el riñón es cáncer. Entre las pequeñas, cerca de una de cada cinco resulta benigna, y muchas de las malignas crecen con lentitud.
  • Cuando el tumor lo permite, la meta es quitar el tumor y conservar el riñón: nefrectomía parcial. No siempre es posible, y forzarla cuando no lo es también tiene un costo.
  • La cirugía robótica es donde más aporta la mínima invasión en este órgano, porque permite conservar riñones que por otras vías se perderían.
  • El cáncer renal no responde a la quimioterapia clásica, y por eso su tratamiento avanzado cambió por completo con la inmunoterapia.

Cómo aparece

Hace treinta años el cáncer renal se diagnosticaba por la tríada clásica: sangre en la orina, dolor en el costado y una masa palpable. Hoy esa presentación aparece en menos del 10% de los casos y casi siempre significa enfermedad avanzada.

La inmensa mayoría se descubre sin ningún síntoma, cuando se hace una imagen del abdomen por un dolor inespecífico, un chequeo o un problema de otro órgano. Se les llama incidentalomas, y ese cambio explica por qué la supervivencia mejoró tanto: se encuentran cuando todavía son pequeños.

No toda masa renal es cáncer

Es lo primero que hay que ordenar, porque una masa en el riñón desata un miedo desproporcionado antes de saber qué es.

  • Quistes simples. Muy frecuentes, sin ninguna relevancia. No requieren seguimiento.
  • Quistes complejos. Se clasifican por su aspecto en tomografía —la escala de Bosniak— y solo los de categorías altas tienen riesgo real de ser tumores.
  • Angiomiolipoma. Tumor benigno con grasa en su interior, reconocible en la tomografía. Se vigila, y solo se trata si es grande o sangra.
  • Oncocitoma. Tumor benigno que no puede distinguirse con certeza de un cáncer por imagen, ni siquiera con biopsia en muchos casos. Es una de las razones por las que algunas masas se operan sin saber con seguridad si son malignas.

De los tumores que sí son cáncer, el más frecuente es el carcinoma de células claras, cerca del 70%. Le siguen el papilar y el cromófobo, que suelen comportarse mejor.

De qué depende la decisión

Esta es la parte que más se simplifica en internet, y conviene decirlo con claridad: no existe una regla que traduzca un tamaño en una operación. Dos tumores de cuatro centímetros pueden terminar en cirugías distintas según dónde estén, cuánto se hundan en el riñón, cómo esté la función renal y quién sea el paciente.

Lo que sí puedo explicarte es qué se valora, para que sepas de qué va a tratar la conversación y qué preguntas hacer:

Qué se valoraPor qué cambia la decisión
TamañoOrienta, pero no decide por sí solo. Es el dato que más se sobrevalora.
Dónde está dentro del riñónUn tumor periférico y uno pegado al hilio o al sistema colector plantean cirugías completamente distintas, aunque midan lo mismo.
Cuánto se hunde en el parénquimaDetermina si es posible extirparlo con margen sin comprometer los vasos y la vía urinaria.
Función renal actualCuánto riñón conviene conservar depende de cuánta reserva tienes hoy, no solo del tumor.
Edad y otras enfermedadesEn un paciente joven, conservar función pesa mucho más; en uno mayor con comorbilidad, el riesgo quirúrgico puede pesar más que el tumor.
Extensión venosaLa invasión de la vena renal o la cava cambia por completo la planeación y el abordaje.
Riñón único o tumores bilateralesConservar deja de ser preferible y pasa a ser obligado, aunque la cirugía sea más difícil.
Aspecto en la tomografíaCiertos rasgos sugieren un tumor más agresivo y modifican tanto la urgencia como la extensión de la cirugía.

Por qué no vas a encontrar aquí qué operación te toca

Podría haber puesto una tabla que dijera "menos de cuatro centímetros, cirugía conservadora". Sería más cómoda de leer y estaría mal. Esa decisión no se toma con un número: se toma leyendo tu tomografía completa, con la anatomía de tus vasos, la posición exacta del tumor y tu función renal delante.

Lo digo también como advertencia práctica: si alguien te dice qué cirugía necesitas sin haber visto tus imágenes, por teléfono o a partir de un reporte escrito, no está tomando una decisión clínica. Trae tu estudio, no solo el reporte.

Nefrectomía parcial: conservar el riñón

Consiste en extirpar únicamente el tumor con un margen de tejido sano, cerrar el defecto y dejar funcionando el resto del riñón. Es técnicamente más exigente que quitarlo entero: hay que interrumpir el flujo sanguíneo del riñón, resecar, suturar y restablecer la circulación en el menor tiempo posible.

La razón para hacerlo es sencilla: un riñón menos aumenta el riesgo de enfermedad renal crónica a largo plazo, y con ella el riesgo cardiovascular. En un paciente joven que va a vivir décadas, esa diferencia importa.

En honor a la evidencia

Aquí hay un dato que casi nunca se menciona en las páginas que promueven la cirugía conservadora, y creo que debes conocerlo. El único ensayo aleatorizado que comparó nefrectomía parcial contra radical —el estudio EORTC 30904— no encontró ventaja de supervivencia para la parcial. De hecho, la tendencia favoreció ligeramente a la radical: 81.1% de supervivencia a diez años frente a 75.7%, una diferencia que dejó de ser significativa al analizar solo a los pacientes con cáncer confirmado.

Aun así, las guías de la Asociación Americana de Urología, la Europea y la NCCN recomiendan la cirugía conservadora para los tumores pequeños. El motivo es que el control oncológico es equivalente y la preservación de función renal es indiscutible, y que ese ensayo tuvo limitaciones importantes de reclutamiento y seguimiento. En tumores pT3a, un metaanálisis con más de 14 000 pacientes confirmó resultados oncológicos equivalentes con mejor función renal.

Mi lectura, dicha sin adornos: la nefrectomía parcial es la mejor opción cuando es técnicamente segura, y no lo es cuando no lo es. Forzarla en un tumor central, grande o mal situado añade riesgo de sangrado, fuga de orina y margen positivo sin ganar nada. La decisión correcta no es "siempre parcial", es evaluar cada riñón.

Nefrectomía radical: cuándo sí

Extirpar el riñón completo con su grasa sigue siendo la opción correcta en varios escenarios: tumores grandes, tumores centrales que comprometen el sistema colector o el hilio, extensión a la vena renal o a la cava, y casos en los que el riñón restante no aportaría función útil.

Tiene ventajas propias que conviene reconocer: menor tiempo quirúrgico y de anestesia, y menos complicaciones como la fuga de orina. Cuando está indicada, no es un fracaso ni una opción de segunda: es la operación adecuada.

La extirpación de la glándula suprarrenal y la linfadenectomía no se hacen de rutina en enfermedad localizada. Se reservan para cuando hay sospecha de afectación.

Por qué la vía robótica cambia las cosas aquí

De todas las cirugías urológicas, la nefrectomía parcial es donde la plataforma robótica aporta el beneficio más concreto, y la razón es específica: no acelera una recuperación, cambia el desenlace.

  • Permite conservar riñones que por laparoscopia convencional se perderían. En tumores profundos, junto al hilio o al sistema colector, los instrumentos rígidos no permiten suturar con la precisión necesaria y la cirugía termina convirtiéndose en radical.
  • Acorta el tiempo de isquemia. Mientras se reseca y se sutura, el riñón permanece sin flujo sanguíneo. Cada minuto cuenta, y suturar más rápido y mejor se traduce en más función renal conservada.
  • Menos sangrado y menos transfusiones, en una cirugía que se realiza sobre un órgano muy vascularizado.
  • Recuperación más corta, incisiones pequeñas y menos dolor postoperatorio.

Sobre la formación en cirugía robótica

Además de la certificación del fabricante, que es requisito indispensable pero se obtiene en días, completé un fellowship internacional de un año en cirugía robótica en el Instituto Israelita Albert Einstein, en Brasil, con exámenes teóricos y prácticos, enseñanza tutelada de la técnica y entrenamiento en manejo de complicaciones y de fallas del equipo. Aquí explico con detalle qué acredita cada cosa y qué preguntas conviene hacerle a cualquier cirujano, incluido yo.

Cáncer renal avanzado

Cuando la enfermedad ya se extendió fuera del riñón, el planteamiento cambia por completo. Y hay un dato que sorprende a la mayoría de los pacientes: el cáncer renal no responde a la quimioterapia clásica. Durante décadas eso lo dejó casi sin opciones.

Hoy el tratamiento se apoya en dos familias de fármacos:

  • Inmunoterapia. No ataca al tumor: retira los frenos que este pone al sistema inmunitario para que sea el propio cuerpo el que lo reconozca. Es el cambio más importante en esta enfermedad en cincuenta años.
  • Terapias dirigidas contra los vasos que alimentan al tumor. Se combinan con inmunoterapia en la mayoría de los esquemas actuales de primera línea.

La cirugía conserva un papel, pero ya no es automáticamente lo primero. Quitar el riñón en un paciente con metástasis —la llamada nefrectomía citorreductora— se reserva hoy para casos seleccionados, después de valorar la respuesta al tratamiento sistémico. En pacientes con pocas metástasis y bien controlados, extirparlas puede prolongar el control de la enfermedad.

Después de la cirugía

Alrededor de la mitad de los pacientes operados de un cáncer renal localmente avanzado terminan presentando recurrencia, y por eso el seguimiento con imágenes es parte del tratamiento, no un trámite.

Un cambio reciente que conviene conocer

Durante años no existió ningún tratamiento que redujera la recurrencia después de operar. Eso cambió: el estudio KEYNOTE-564 demostró que la inmunoterapia adyuvante con pembrolizumab después de la cirugía mejora tanto la supervivencia libre de enfermedad como la supervivencia global en pacientes con riesgo elevado de recurrencia. Es de las pocas veces que un tratamiento posterior a la cirugía demuestra prolongar la vida en esta enfermedad.

No aplica a todos: depende del estadio, del grado y de las características del tumor extirpado. Pero es una conversación que debe tenerse después de la cirugía, y no siempre se tiene.

Lo que decide el resultado

Por qué importa quién te atienda

En el cáncer renal las decisiones difíciles no están en el quirófano, están antes y después.

  • Antesinterpretar correctamente la tomografía. Distinguir un quiste complejo de un tumor, reconocer un angiomiolipoma, estimar si una masa permite cirugía conservadora, valorar si hay extensión venosa. De esa lectura depende toda la estrategia.
  • Durantetener la capacidad técnica de conservar el riñón cuando se puede, y el criterio de no forzarlo cuando no.
  • Despuésestadificar bien, calcular el riesgo de recurrencia, decidir si corresponde tratamiento adyuvante y diseñar el seguimiento.

Es una enfermedad en la que el mismo tumor puede terminar en una vigilancia, en una cirugía conservadora o en la pérdida de un riñón según quién lo valore. No porque unos operen mejor que otros, sino porque la decisión previa a la cirugía es la que determina el resultado.

Un urólogo oncólogo es un urólogo que además cursó un posgrado de alta especialidad dedicado solo al cáncer urológico. El mío, en el Centro Médico Nacional Siglo XXI con aval de la UNAM. Es verificable. Qué cambia exactamente →

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Urólogo Oncólogo · Cirujano Robótico

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Trae tu tomografía, no solo el reporte. La decisión más importante de esta enfermedad —si el riñón se puede conservar— se toma leyendo la imagen, y conviene tomarla antes de que alguien programe una cirugía.

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Esta información es orientativa y no sustituye la consulta médica: no tomes decisiones a partir de este texto sin comentarlo con tu urólogo.

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